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Lecciones de la NASA: ¿Qué se considera un grado adecuado de riesgo?

Desde los años ochenta, cuando unas 10,000 personas con hemofilia contrajeron el VIH después de recibir sangre contaminada, evaluar y gestionar el riesgo ha sido un principio fundamental para la comunidad de trastornos de la coagulación. Esto se aplica no solamente al abasto de sangre, la cual puede estar infectada con virus tanto conocidos como desconocidos, sino también al desarrollo de nuevos productos.

Durante la plenaria titulada “Gestión del riesgo de los vuelos del hombre al espacio: Lecciones de 50 años de viajes espaciales de la NASA”, Michael Lutomski, anteriormente gerente de riesgo de la Estación Espacial Internacional de la NASA, señaló que tanto la comunidad de hemofilia como la NASA funcionan en entornos que no toleran riesgos o fallas. No obstante, el riesgo es inevitable; de manera que ¿cuál es la mejor manera de hacer frente a este tipo de situaciones?

Una clave es la gestión permanente del riesgo, afirmó Lutomski. Esto ya lo hacemos casi todos los días de nuestra vida, dijo, usando el ejemplo de haber elegido un vuelo a Orlando para asistir al congreso. Por ejemplo, podríamos haber gestionado el riesgo de perder un vuelo de conexión optando por un periodo mayor entre conexiones.

La NASA tiene un grado de riesgo alucinante, explicó Lutomski, con una tasa anual de fallas de lanzamiento de 3.4 por ciento. “¿Pueden imaginarse cruzar la calle o manejar un auto con esas posibilidades? ¡Nunca lo harían!”, sostuvo.

No obstante, Lutomski dijo que la percepción común –aun en la NASA– era que los vuelos especiales conllevaban el mismo grado de riesgo que los vuelos en avión. Sin embargo, la explosión del Challenger en 1986 cambió esa percepción, de manera similar a la forma en que la crisis del sida cambió la percepción común de que las transfusiones de sangre eran inherentemente seguras.

La NASA respondió a la crisis del Challenger reevaluando la manera en la que manejaba el riesgo. Instituyó un marco de referencia para la toma de decisiones basadas en el riesgo y un umbral de riesgo. Los astronautas firman declaraciones afirmando que entienden los riesgos, como una tasa de mortalidad de uno por cada 270 miembros de la tripulación en una expedición de seis meses a la Estación Espacial Internacional. “Ahora tenemos una percepción más sana de los riesgos que realmente estamos corriendo”, comentó Lutomski.

Una de las mejores maneras de mitigar el riesgo son las autoevaluaciones, agregó Lutomski. Pero las personas tienen muchos motivos para no participar en la evaluación del riesgo y los informes de riesgo. Piensan que no corren riesgo; sus programas son muy pequeños; hacer público el riesgo será el fin del programa; prefieren lidiar con los problemas a medida que éstos se presentan; identificar riesgos es malo para su carrera; completar formularios burocráticos no forma parte de su trabajo; o no pueden evaluar el riesgo porque no pueden predecir el futuro.

Un sistema exitoso de gestión del riesgo no solamente necesita superar estos argumentos, sino que también debiera ser humilde y estar abierto a nueva información, comentó Lutomski. En la NASA, eso se traduce en un continuo cuestionamiento del desempeño, análisis de los riesgos, y una respuesta adecuada a las fallas cuando éstas ocurren.8