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Una historia de supervivencia

Cuando Johanna Overstreet y su marido decidieron adoptar un niño con necesidades médicas estaban preparados para un proceso difícil, pero creían que serían capaces de ofrecer un hogar a un niño que necesitaría tratamiento constante. “Queríamos adoptar un niño con necesidades médicas porque mi profesión de enfermera nos permitiría hacernos cargo de cosas que a otras personas podrían darles miedo”, explica Johanna.

Cuando un niño pequeño con hemofilia B grave en India estuvo disponible para una adopción internacional, empezaron el largo proceso de adopción y enfrentaron desafíos particulares debido a su hemofilia. Overstreet es una enfermera capacitada y su esposo padece enfermedad de Von Willebrand, de modo que estaban convencidos de que podrían proporcionar todo lo que el pequeño, llamado Chetan, necesitaría en una familia, pero había pocos precedentes para una adopción de este tipo. “India nunca había ofrecido en adopción a un niño con hemofilia. Nos entrevistaron en la embajada y apareció un artículo en Times; esta adopción era algo realmente importante para ellos”, agrega.

UN INICIO DIFÍCIL EN LA VIDA

Chetan nació en India, su madre murió durante el parto, dejando a su padre a cargo de dos niños pequeños, con un salario extremadamente bajo. A pesar de las difíciles circunstancias, el padre hizo un esfuerzo por cuidar de sus hijos. Durante los primeros años de vida de Chetan, su padre lo colocó en un jardín de niños, el equivalente a una guardería en India, en donde pasó la mayor parte de su tiempo en una cuna. A pesar de la falta de actividad, muy pronto resultó evidente que Chetan tenía problemas médicos ya que había sido llevado al hospital seis veces entre la edad de 20 meses y su tercer cumpleaños, a menudo con un labio cortado o una hemorragia nasal que no paraba. Finalmente, dos meses antes de que cumpliera tres años, un médico notó lo que parecía ser una hemorragia articular en un dedo del pie, lo que llevo a la prueba de sangre que demostró una deficiencia grave de factor IX: hemofilia B.

El médico le dijo a su padre que Chetan necesitaría tratamiento por el resto de su vida. “Le dijeron que necesitaría llevar a Chetan al hospital una o dos veces al mes para administrarle plasma fresco congelado, ya que era el único tratamiento disponible”, explica Overstreet.

El pronóstico del médico hizo que el padre de Chetan decidiera que no tenía otra opción sino entregarlo al orfanatorio de Ashraya con la esperanza de que lo adoptara una familia que pudiera cuidar de él adecuadamente. Una semana después de haber sido dado de alta en el hospital, Chetan fue entregado al orfanatorio. Su padre estaba tan alterado por tener que entregar a su hijo, que fue necesario sacarlo del edificio.

Chetan pasó meses en el orfanatorio con su padre llamando cada pocas semanas para tener noticias de si habían encontrado un hogar para él. Cuando se confirmó que una familia de Estados Unidos se lo llevaría, nunca más volvió a llamar. Esa fue la última vez que alguien supo del padre de Chetan, pero Overstreet piensa en él con frecuencia. “Creo que puso a Chetan en el orfanatorio para asegurarse de que recibiera el tratamiento médico que necesitaba”, afirma.

Overstreet estaba preocupada sobre cómo atenderían a Chetan durante los seis a nueve meses que tardaría en concretarse la adopción, ya que el orfanatorio no tenía experiencia o capacitación para atender a un niño con hemofilia. Afortunadamente, la coordinadora de necesidades especiales de la agencia de adopción no solamente era una trabajadora social, sino que había sido enfermera anteriormente. Overstreet explica cómo se aseguro de que Chetan permaneciera tan sano como fuera posible antes de llegar a su nueva familia. “Se comunicó con la Federación de Hemofilia de India, que a su vez se comunicó con la Federación Mundial de Hemofilia, que estuvo de acuerdo en proporcionar el medicamento Benefix a Chetan hasta que pudiera viajar.” Overstreet está segura de que esa donación salvó la vida de su hijo.

Conforme el proceso de adopción se acercaba a su fin, Chetan sufrió una serie de hemorragias cerebrales y fue llevado de regreso al hospital donde había recibido tratamiento muchas veces antes. El hospital hizo las pruebas necesarias para confirmar que en efecto tenía una hemorragia cerebral y se lo confirmó a Johanna, quien estaba abrumada de que a una semana de viajar a Bangalore para llevarse a Chetan a casa estaban enfrentando lo que ella consideraba era la peor situación posible. “Nos acababan de llamar para decirnos que pronto estaría con nosotros y luego recibimos una llamada diciendo que probablemente moriría. Las cosas no podía estar peor.”

O eso pensó.

Dos días después, el 26 de diciembre de 2004, un terremoto sacudió el Océano Índico, frente a las costas de Sumatra.

El impacto fue extraordinario. Con una magnitud de 9.1 a 9.3 grados en la escala de magnitud de momento, fue el tercer mayor terremoto jamás registrado en un sismógrafo. El terremoto en sí fue catastrófico y desencadenó lo que ahora se recuerda como uno de los más mortíferos desastres naturales de la historia. El tsunami del Océano Índico en 2004 destruyó embarcaciones, hogares y arrasó comunidades enteras en segundos, con olas de hasta 30 metros (100 pies) de altura. Catorce países resultaron afectados; murieron casi 230,000 personas y el desastre dio lugar al mayor esfuerzo de ayuda humanitaria registrado en la historia.

Pero Overstreet solo podía pensar en Chetan. El impacto del tsunami se sintió en toda India, y casi inmediatamente las comunicaciones se interrumpieron. Chetan no estaba en una región directamente afectada por las olas, pero Overstreet sabía que su hijo estaba en el hospital con una hemorragia cerebral grave al momento del tsunami y no sabía nada más. “No tenía idea de lo que estaba pasando; enfermé de la preocupación.”

Cuando le preguntamos qué sintió cuando se despertó con la noticia de la devastación en la región, recuerda la frustración que sintió: “Estuve a punto de tomar un avión, pero no tenía idea de cuál era mi situación legal en ese momento porque la adopción no se había completado. Sabía también que las agencias de ayuda de todo el mundo estaban viajando a la región, de manera que ni siquiera estaba segura de poder conseguir un vuelo.”

UNA NUEVA VIDA

Pasó una semana antes de que pudiera saber de Chetan. Por fin sonó el teléfono con la noticia de que se encontraba bien y de regreso en el orfanatorio donde estaban preparando sus papeles médicos. Overstreet obtuvo dos dosis de factor de su centro de tratamiento de hemofilia local y viajó con su esposo para traer a Chetan a casa.

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En la historia para llevar a Chetan a casa en Estados Unidos intervinieron muchas personas que ofrecieron su ayuda y de quienes Overstreet no se ha olvidado: los médicos y las enfermeras del hospital; la persona de la embajada que flexibilizó las reglas para asegurarse de que ella y Chetan pudieran salir del país el mismo día; el médico del aeropuerto que otorgó a Chetan permiso de volar sabiendo que estaba en peligro pero que necesitaba llegar a instalaciones médicas adecuadas lo antes posible y que cada hora que pasaba era importante.

Afortunadamente, la historia termina bien. A su llegada, Chetan se recuperó completamente y no ha tenido daños a largo plazo como resultado de sus lesiones o hemorragias de la infancia.

“Los médicos estaban sorprendidos al ver que no había daños. Cuando revisaron sus rodillas luego de su llegada a Estados Unidos estaban seguros de que se necesitaría fisioterapia, pero después de seis semanas tenía una movilidad normal”, comenta.

Chetan no se acuerda de haber estado en India, no tiene interés en regresar y no ha hablado de buscar a su padre. Es buen estudiante y ha dicho que quiere ser hematólogo. “Sabe que será mucho trabajo, pero quiere demostrar a otros chicos que pueden llevar una vida normal”, declara Overstreet.

Overstreet sigue pensando en el padre de Chetan. “Hemos tratado de volver y buscarlo, pero no hemos tenido éxito. Lo único que he querido hacer durante diez años es decirle a este hombre que su hijo tiene una familia, que está creciendo bien y que recibe amor.” Pero todavía hay esperanzas, explica. “La ley en India establece que a los 18 años Chetan puede presentarse ante los tribunales y solicitar que se abran los expedientes.”